El sentido común nos dice que a la hora de afrontar una apuesta debemos ser fríos, calculadores y analistas, debiendo tener en cuenta todos aquellos factores que pueden inclinar la balanza a uno u otro lado del resultado, obviando factores, llamémoslos, irracionales, o si se quiere sentimentales. Pero ello no siempre es posible. Aquí intentamos mostrarte dos perfiles antagónicos a la hora de apostar: el conservador y el arriesgado. ¿En cuál estás tú?

A la hora de ponerme delante del ordenador puedo pensar: apostaré por este equipo que lleva seis victorias seguidas, juega contra el último que aun no conoce la victoria; o bien puedo pensar que mi equipo se enfrente contra su eterno rival (típico derby visceral), que ambos equipos están igualados en la tabla, y que mi corazón me dice que este año les damos para el pelo, y que aprovechando la buena cuota, apuesto ciegamente por mi equipo.

Son argumentos totalmente válidos pero que parten de unas premisas diferentes: en el primer caso nos encontramos con un apostante conservador, poco arriesgado, y en el segundo un apostante que parte del corazón para luego buscar la lógica. Veamos a continuación como funciona la mente de uno y otro.

Apostante conservador

El primero de estos jugadores huye de cuotas superiores a 1,50 con lo que sus ganancias son más regulares pero de escasa cuantía. Se piensa mucho su siguiente jugada, estudiando ambos equipos por igual. Analiza su posición en la tabla, sus últimos cinco o seis partidos, si su jugador estrella está lesionado, la climatología del partido, y tras conjugar todos esos factores realizará sus apuestas, en el último momento posible, para así tener más información, y con una cuota de 1,25.

La acertará muy probablemente, lo que le hará reafirmarse en su método y apostar del mismo modo para el siguiente partido. Reflexiones de un apostante de este tipo son las siguientes: "voy a apostar en el partido de ida del Irun-Real Madrid de la Copa del Rey, pero en lugar de apostar a favor del Real Madrid, pienso, es un partido a ida y vuelta por lo que el Real Madrid quizá no gane pensando en la vuelta para resolver allí la eliminatoria. Como mucho apostaré a la doble oportunidad x2 o a que el Real Madrid marca gol, en ambas apuestas con cuota inferior a 1,30"

Apostante arriesgado

En el jugador de este perfil se mezclan otras motivaciones además de las estrictamente lógicas, fundamentalmente impulsadas por el corazón o por la mera irracionalidad e indisciplina metódica. Es un jugador que se mueve a impulsos, cegado por la chispa del momento, que le hace dirigirse a la casa de apuestas de turno una vez que le ha llegado una corazonada acerca de un determinado resultado.

En este caso, este tipo de jugadores buscan el dinero fácil, por lo que huyen de las cuotas por debajo de 2,00, sin pararse a pensar que ese tipo de apuestas, estadísticamente, son las que más se fallan.

Un razonamiento de este tipo de jugadores sería el siguiente: "voy a apostar en el partido del Irun-Real Madrid. Los irundarras saldrán con el cuchillo en la boca, en lo que es el partido del año para ellos, o mejor, el partido de su vida. Se lo pondrán muy difícil al Real Madrid, y confía en se repita la épica historia de David contra Goliat. Conclusión, el Irun no puede perder este partido".

Perderá en más ocasiones que el jugador conservador, pero puede que sus ganancias sean mejores, y desde luego se hablará más de sus aciertos que en el primer caso.

¿Qué postura elegir?

Pues como todo en la vida, diremos que en el término medio está la virtud. Ante las apuestas deportivas está claro que hay que analizar todos los factores en liza, ya que a más información, disminuimos los factores de riesgo que inciden en una apuesta. Está claro que no podemos obviar el nivel de los equipos que se enfrentan, sus últimos resultados, si hay bajas importante, etc.

No obstante ello, podemos aplicar esa información a la hora de buscar eventos con cuotas más altas, conjugándolo con aspectos alejados de la lógica, que den al resultado final un aliciente mayor, traducido en una cuota más alta.

Las dos reflexiones anteriores sobre el partido del Irún-Real Madrid son perfectamente válidas: lo lógico era que ganara el Real Madrid, si bien cabía pensar que al haber partido de vuelta en el Bernabeu no se desfondaran los blancos al cien por cien, por lo que la victoria irundarra no era descabellada, o al menos el que no perdía el partido. Los apostantes conservadores habrían puesto el grito en el cielo en la victoria-empate del Irun, y los jugadores arriesgados, habrían apostado claramente por esto último.

Hay otros aspectos que se pueden tener en cuenta en ambos tipos de perfiles: por ejemplo, supongamos que Eto´o tiene cuatro tarjetas amarillas y su próximos partidos son frente al Valladolid, Getafe y Real Madrid. Es posible pensar que frente al Valladolid provocará su quinta tarjeta amarilla para cumplir su partido de sanción frente al Getafe y llegar limpio frente al Real Madrid.

El que a un jugador le sacan tarjeta amarilla en un partido suele tener una cuota interesante. O por ejemplo que en determinado circuito de la Fórmula 1, muy peligroso, y en condiciones meteorológicas adversas, saldrá el coche de seguridad a lo largo de la carrera, que también suele tener una cuota interesante.

Son ejemplos de razonamiento que va más allá de juega el primero contra el último y ganará el primero. A ellos no hay que obviar aspectos impulsados por el corazón, que en determinadas circunstancias nos hacer realizar apuestas que pensadas friamente no haríamos. No se debe abusar de estos aspectos (el Madrid de diez partidos, nueve ganará al Irún, por muy irundarra que se sienta uno), ya que una vez fallados el daño es doble, el del bolsillo y el del corazón.

Lo mejor es que seas tú el que con tus apuestas descubras en que perfil estás más a gusto. Yo, particularmente, lo tengo claro, no hay nada como sentirse David frente a Goliat, y en mis apuestas hago más caso al corazón que a la razón, aunque con cierta prudencia, claro está. Y no me va mal...